

No es el consumir el problema, sino el como consumimos. Al consumir estamos interviniendo en el mercado, así que el consumidor decide al fin y al cabo dónde y en qué va a gastar su dinero, aunque sea un céntimo. Por eso es importante ser consciente del poder que ejercemos como consumidores. Cambiar el mundo sí es posible, solamente dejando de comprar unos productos por otros, unas marcas por otras, productos locales y de temporada en vez de importaciones y alimentación industrial y refinada.
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